martes, 27 de agosto de 2002

La nota de la baronesa y el resumen del vuelo

Breve nota de la baronesa: "Manifiesto mi primera protesta oficial por las intempestivas horas a las que he tenido que despertar hoy. Debería estar prohibido levantarse tan temprano mucho más si se está oficialmente de vacaciones"

Llegamos ayer a Madrid tras seis horrorosas horas de viaje en autobús de línea. Nuestra anfitriona en la capital nos acogió en su casa y luego salimos a cenar. Después de un corto paseo por Lavapiés y tres restaurantes cerrados ­no sé que sucede los lunes con los restaurantes en esta zona de la ciudad­ acabamos sentados en la terraza de "El Automático", un concurrido y agradable sitio con una mezcla de estilos y ambiente cutre donde a pesar no disponer de croquetas, migas ni pastel de puerros que ofertaban en la carta disfrutamos de una cena agradable. De postre elegimos una trufa de hachis. Para concluir la velada degustamos un café en El Barbieri, en esta ocasión sin roedores merodeando"

ESTE CUADERNO NO QUERÍA VIAJAR

Martes 27 de agosto. 21:15. A bordo de un B747 de SouthAricanAirways (Vuelo SAA229).
Estamos relajados. Estamos un poco cansados. Los 377 pasajeros a Johanesburgo se están acabando de acomodar. Pronto abandonaremos Heathrow y este cuaderno no quería viajar. 

Tras una mañana fresca aunque soleada en Madrid todo parecía ir sobre ruedas. Bueno, la incomodidad del alojamiento ha provocado la primera protesta oficial de la baronesa: desde que la anfitriona se había ausentado a las siete de la mañana, el barón la desveló haciendo ruido por el apartamento. Se duchó, el tiempo pasaba lentamente, cometió la torpeza de intentar preparar el desayuno con sigilo y fue imposible acercarse a las tostadas y los cereales sin tropezar con la mesita del estar. Es que reconocer que la baronesa no rezongó demasiado y el barón procuró evitar comentarios que habrían podido malograr la aventura cuyo inicio no había hecho más que comenzar. Tras el primer refrigerio el barón salió en busca de un envasador de vacío por los alrededores, sin conseguirlo. Poco después de las diez se reunió de nuevo con la baronesa para tomar un café en la Ronda de Atocha y más tarde la deslumbró al llevarla a contemplar en el Museo del Prado "El Descendimiento" de Roger van Der Weiden. También visitaron las exposiciones temporales.

Un apuesto aeromozo entrega las cartas para la cena y el desayuno que se ofrecerá a bordo:

starter ... greek salad with feta & olives

main course ... beef chasseur garnished wwith chopped parsley, served with chateau potatoes,

spinach and ricotta pasta topped with a marinara sauce and shaved parmesan

dessert ... apple and hubbard crumble, cheese and biscuit

coffee, decaffeinated coffee or tea and after dinner chocolat

la verdad es que esto sudafricanos están en todo. Los barones estaban bien acostumbrados a las cartas a bordo en sus vuelos.

La visita al Prado sorprendió a los barones en esta ocasión con una recreación de las salas
reservadas. Aquellas que solo austrias y borbones (y también Godoy) después destinaban a guardar las pinturas de desnudos de Rubens, Durero, Tiziano o Goya, por ejemplo. Se sintieron un poco violentos ante la escena de "Lot embriagado por sus hijas", de Francesco Furini. Más tarde, en la parte alta, en un corredor circular se mostraba una selección de "La tauromaquia" de Goya. La muestra circular, acompañada de los documentos de aquella época ­defensas y denuncias de la brutalidad de la fiesta­ hace suponer que este museo sigue organizando brillantes exposiciones temporales como siempre o mejor aún. Muy sugerente también el nuevo emplazamiento de "Las Meninas", más amplio y luminoso y con la sobriedad que caracteriza a esta pieza enfrentada al lujo epatante de la corte borbónica.


La visita a Madrid iba perfectamente. Los barones llegaron al aeropuerto con tiempo suficiente. Pero al bajar del taxi el primer contratiempo: el diario, este diario, los dineros de los barones y un teléfono móvil se habían confabulado para quedar apartados en la mesita del estar de los anfitriones madrileños. Inaudito.

Con la experiencia acreditada y la calma que distingue a los barones se planeo una solución acertada: mientras la baronesa facturaba en Barajas, el barón regresaba a por los efectos olvidados. Han acordado incorporar complementos de fósforo a su dieta para que la memoria de los barones no vuelva a importunar la buena marcha de este periplo.

Este Boeing 747­400 ya comienza a acortar las 5644 millas que separan a los barones de Johanesburgo. Los Fernández -­ Prado ocupan dos plazas en la parte media del avión. Al lado izquierdo del barón alguien afortunadamente ha perdido el vuelo o nadie a ocupado esta plaza. Será ocupada por el diario, ahora ya un diario con asiento propio, como un dogo o un instrumento musical valioso.

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